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Sin.

Hay caminos sin salida, destinos sin vivir , promesas y sueños sin cumplir hay un sin fin de cosas, personas que no sabemos que son ni para que son.

Estamos en un mundo sin saber, un saber sin colores ni sabores, algunos aparentan que lo saben todo para ser aceptados en una sociedad injusta y despectiva, otros se guardan su sabiduría sin importar brillar como una estrella.

Nos tropezamos con personas mediocres criando hijos sin valores, solo el valor a lo material, el mundo no merece tener personas incultas sin corazón. Sembremos conciencia para un mundo con más caminos y destinos por vivir y conocer.

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Noche.

Cuando se apagan las luces de la tierra y empieza la noche, comienzan mis ideas.

Cuando entra esa brillante luz por un lado de la ventana, comienza mi nostalgia.

Cuando se acerca el silencio de la madrugada, comienza mis angustia.

Cuando todos duermen, yo no duermo; alguien me roba mis sueños y no es morfeo.

Cuando mi cama flota entre las nubes cargadas de sueños, yo, yo ya duermo.

 

Calidad de compañía.

-Hola mi pana y la novia

– Terminamos, me dejo.

-y eso?

-No sé y eso que la llenaba de flores, chocolates, peluches, joyas y no bastó.

-Te faltó algo amigo, tiempo, calidad de tiempo de estar juntos la rutina mata, lo material en parte ayuda alimentar la rutina; digo yo quizás no se.

siempre ella.

Ella va con tanta prisa que no deja ni sus huellas, 

Ella va por el día demostrando una sonrisa, su alegría, por las cosas mas sencillas y cotidianas; al caer la noche, la obscuridad de cuatro paredes, roban su sonrisa, roban su ternura y la dejan sin suspiros.

Ella se desvite cada noche, colgando su traje de alegría, para ponerse la melancolía.

Ella llora con la luna su valentía quedando dormida, entre sabanas frías; ella no sabe que el viento sopla sus tristezas, para continuar un nuevo día. 
Por ellas, para ellas, esas mujeres luchadoras, que siempre tienen buena cara, acompañada con actitud, ante las adversidades. 

Carta a la abuela, I parte

Hola abuela, aquí estoy mojando el pan con café, me preparo para un día mas de trabajo, no todo es tan normal como parece, el sistema de éste país no se parece al de nosotros, se, que, ni debe serlo.  Abuela extraño a mi gente, extraño tu mirada, tu olor de abuela, de consejera, de amiga y hasta de madre; aquí sobrevive el mas inteligente, aprendí eso de un amigo que es de Uruguay y con mi acento sabia que era de Venezuela.  Abuela aquí no vale la pena deprimirse, ni llorar, mucho menos extrañar ni comparar; no hay tiempo para lamentos sino tiempo para evolucionar y avanzar, el corto tiempo libre que me queda es para escribirte y extrañarte. Habrá un pronto abuela un nos volveremos a ver.

Mercedes.

Mercedes arregla la cama de su hija, quizás sea la última vez que arregle su cuarto, no hace cuatro horas que se fue a otro país en búsqueda de esperanzas, cambios y que su carrera como médico la haga crecer tanto en lo personal y profesional.

– Hija hoy lloro tú partida me duele mis entrañas, mi vientre donde te tuve, mi alma, mi corazón se tuerce, se gira sabiendo que no se  si esta viejita de tu vida te vuelve a ver. Mis lágrimas son un silencio que se escuchan en el dolor de una madre que no tendrá a su niña más, mi niña que ya no es niña; ahora cumplir tus metas y sueños serás grande entre los grandes.  Aquí estará tu viejita arreglando tú habitación para que un día que puedas volver te sientas feliz y segura como lo solías hacer.  Mi alma me grita por dentro, me quiebra como un vaso de vidrio que cuando cae, se rompe añicos, llamando a mi soledad desde el eco del silencio.