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Tristezas

– y de qué murió?

-Se ahogó con una gota de lágrima que caía por su mejilla atravesando sus dulces labios y abrazando la lengua para no caer a su garganta, la lengua la soltó llegando como estaca al corazón.

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Una de esas anécdotas.

Una mañana la abuela: -vengan niñas ya nacieron los pollitos!

-Los podemos tocar abuelita.

-No, solo verlos porque la mama gallina no les dará calor y morirán de frío.

-y darles un besito.

-Su mamá es muy celosa y con su pico te picara.

-bueno vamos hermanita dejemos que la mamá gallina le de teta a los pollitos.

 

Pececito

Eres un pececito que se asoma en el mar del cielo.

Un pececito asustado donde no ve a su Mami, ni siquiera a su abuela.

Te toco nadar alto antes de tiempo, porque hay personas malas que no tiene corazón, ni sangre en las venas.

Tu sonrisa con ingenuidad adornaran las nubes en el cielo,

El brillo de tus ojos iluminaran las estrellas que hoy lloran tu ausencia en la tierra.

No tengas miedo pececito, pronto te reunirás con tus seres más queridos, harán una fiesta en esa gran pecera, que hoy flotas sin saber por qué.

Todo un mundo llorandote, la mayoría no te conoció y así tocaste muy fondo el corazón de todos.

Pececito que las alas de tú ángel cubran tu sueño eterno.

Noche.

Cuando se apagan las luces de la tierra y empieza la noche, comienzan mis ideas.

Cuando entra esa brillante luz por un lado de la ventana, comienza mi nostalgia.

Cuando se acerca el silencio de la madrugada, comienza mis angustia.

Cuando todos duermen, yo no duermo; alguien me roba mis sueños y no es morfeo.

Cuando mi cama flota entre las nubes cargadas de sueños, yo, yo ya duermo.

 

Cielo de algodón

estas frases se las escribí a mi abuelo cuando murió hace tres años.  Espero les guste.

Tan feliz estoy entre rostros angelicales, estrellas que no paran de brillar, mariposas van y vienen.

No hay tiempo ni oscuridad, solo paisajes de colores que no paran de flotar.
No hay sentimientos de tristezas, ni angustia, ni dolor.
Veo cielos infinitos, personas en una y otra dimensión, escaleras de caracol entre nubes de algodón.
Tantas almas conocidas entre flores, montañas, lagos, suspendidas en un cielo azúl, quizás blanco o rosa y hasta de cristal.
Hay un sin fin de cosas que no paro de admirar
Soy feliz, tan feliz que estoy entre nubes de algodón.

Imperfectamente para mi.

Ella, la chica imperfecta que quise para mi, la de mirada atrevida, envolvente. 

Ella, la chica timida  que se escondía detrás de su sonrisa alegre y amable.  La que lloraba sin saber por qué y yo menos, sin entender.

Te envolvía con su magia, una magia qué no se por dónde empieza, para poder explicar mejor, yo solo la observaba cuando manteníamos largas conversaciones; cada palabra, cada gesto, era imposible no quedar como tonto mirándola. 

 Ella, la chica sencilla con sus atuendos que no encontrarías en la moda, ni en las revistas, con su rostro de piel original, sin maquillaje, no lo necesitaba, la chica difícil de conocer, pero fácil de observar.  

Ella  imperfectamente perfecta para mi, sabia como apreciar las hojas que caían de los árboles, ver el cielo para darle forma a las nubes.  La que te daba ánimos y frases de aliento, cuando era ella la que lo necesitaba.  

Ella la que amaba lo simple se enamoraba del sol, la luna y las estrellas.  No había espacio, ni tiempo, para que me amara a mi.  Perdononame por no entenderte entre tantas palabras, gestos y lágrimas. 

Quizás fui egoísta en no preguntarte “estás bien?” o “cómo te sientes hoy” pero el tiempo pasaba tan rápido a tú lado y tú cara de ternura y firme, que no me imaginaba que Morías.

Me dolió no despedirme ni que me despidieras, me mentiste al decirme que te iría de vacaciones por unas semanas. 

Espere las semanas que pasaran pero no te veía en el parque, preocupado fui a tú casa, solo me queda el recuerdo de esa mañana que toque a tu puerta para decirte: “Eres la mujer imperfectamente perfecta para mi, porque te amo”.

Pero la sorpresa me la llevé yo, cuando tus padres me dicen entre lágrimas: – Elisa ya no esta con nosotros, descansa en el mundo espiritual, quiso que su muerte fuera discreta, en silencio, para que la recordaran como fue en vida. 

 Te esperábamos a que vinieras, gracias por hacerlo, porque Elisa nos dejo este mensaje para ti.  – Yo también te amo porque eres imperfectamente perfecto para mi.

qué sentido tiene.

Qué sentido tienen tus besos si no me miran, sin tu cabellera que arropaba mis noches largas sin sueños, ni sentidos.

Qué sentido tiene tu almohada vacía, junto a la mía, en este otoño que se aproxima en un invierno sin medida.

Qué sentido tiene la ventana, cuando se asoma la luna, añorando tú silueta desnuda, imperfecta, atrevida, bajo su luz.

Qué sentido tiene mi piel, si  falta tú olor, tus caricias ocurrentes y tus masajes de novata.

Qué sentido tiene nuestra habitación sino estás tú, para un beso, una palabra y tus miradas de ternura.

Qué sentido tiene todo sin ti, mis noches no serán noches, sin gemidos, ni susurros, sin caricias ni desvelos.