Cartas que ya no se leen.

Mi querida adorada y amada Eva, estoy muy bien en esta bella y prestigiosa ciudad que me ha dado la oportunidad de tener un buen trabajo, si, un buen trabajo para ofrecerle con mucho amor todo lo que se merece.

Mi buen corazón la extraña y yo aun mas, en cada esquina hay flores muy bellas que me hacen recordar su admirable belleza, sin ignorar su fragancia fresca sutil y delicada así como su voz.  Aquí hay una iglesia muy alta por cierto, cada mañana paso y te imagino ahí con el vestido de novia, las casas aquí son grandes con muchos balcones, no dejo de pensar el día que pueda abrir una puerta de esas casas y te tome entre mis brazos para entrar juntos.

Paciencia le pido mi bella dama Eva, para que cada petición de esa lista  que hicimos juntos se nos cumpla; quiero que estés bien para yo sentirlo así y continuar con nuestro gran sueño, se despide de usted este noble caballero que no deja de pensarla ni un instante, ni en un suspiro.

 

David G, 01 de junio 1926

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