Archivo | abril 2017

Cartas que ya no se leen.

Mi querida adorada y amada Eva, estoy muy bien en esta bella y prestigiosa ciudad que me ha dado la oportunidad de tener un buen trabajo, si, un buen trabajo para ofrecerle con mucho amor todo lo que se merece.

Mi buen corazón la extraña y yo aun mas, en cada esquina hay flores muy bellas que me hacen recordar su admirable belleza, sin ignorar su fragancia fresca sutil y delicada así como su voz.  Aquí hay una iglesia muy alta por cierto, cada mañana paso y te imagino ahí con el vestido de novia, las casas aquí son grandes con muchos balcones, no dejo de pensar el día que pueda abrir una puerta de esas casas y te tome entre mis brazos para entrar juntos.

Paciencia le pido mi bella dama Eva, para que cada petición de esa lista  que hicimos juntos se nos cumpla; quiero que estés bien para yo sentirlo así y continuar con nuestro gran sueño, se despide de usted este noble caballero que no deja de pensarla ni un instante, ni en un suspiro.

 

David G, 01 de junio 1926

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Letras.

-Que bello escribes, me gusta tú blog.

-Gracias por su comentario, muy amable Srta.

-En qué parte del mundo vives?

-En España soy de Tarragona y por qué lo preguntas, hay algo mal?

-No hay nada mal, solo que me enamore de usted.

-¿De mi o de mis letras?

-De usted, en sus letras hay verdad, pasión,  nobleza, bondad, generosidad  y se que eres lo que escribes. – Me permite conocerte?

-Disculpa estoy casado y con una bonita familia.

-Oh! disculpa, que tonta fui.

-No ha pasado nada, ni eres tonta.

-Pero puedo seguir enamorándome de usted, que digo de sus letras.

-Si claro, siempre y cuando no sea yo!

-Gracias es usted muy caballero.

-Y usted una admirable Dama.

Refugio.

Me refugio entre letras para no llorar,

dibujo para no gritar,

me desahogo entre mis trazos.

Creo mi mundo, le hago una burbuja, ya no mas,

Ya no quiero ver más la realidad,

Duele, esa realidad duele.

Hice una cortina en la montaña llena de flores y paja

en medio de muchos arboles, una sola piedra, para qué más.

una piedra solitaria, como yo. Perfecta para sentarme y perderme.

Perderme en su silencio, en su discreción, y sobre todo en su sabiduría.