Cómo conocí a Dios.

Me llamo Luna, Luna porque me abandonaron en un orfanato una noche de luna

llena, eso dice la hermana Sormaria, que esa noche la luna fue especial con un cielo

despejado para ver las estrellas,  cuando me vieron en la cajita que me dejaron,

mi cara era como esa luna resplandeciente, de ahí mi nombre Luna, tengo 8 años y

esta es mi pequeña historia de cómo conocí a Dios.  Cuando él me visita entre el día y la

obscuridad de la noche, no hace ruido para no despertar los mares, las hojas de los árboles,

ni las niñas que duermen a mi alrededor de aquí en el orfanato, me gusta la noche porque

es la hora de orar más, hablar con Dios, dormir y soñar; soñar que ya vienen por mí, una

madre amorosa un buen padre donde me den un hogar, ese es mi gran deseo por eso

mantengo mi fe.  Todas las niñas junto a la hermana Sol de los ángeles oramos en la noche,

cada una decimos una oración de esas bonitas que salen del corazón, quizás unas niñas no

saben porque oran, yo poco se, pero sé, que amo algo o alguien que no he visto, sé que

ese amor, mis oraciones, mis pláticas con Dios no es en vano.  Sé que Dios me

escucha, me acompaña entre tanta soledad, hasta llora con mis tristezas y ríe con

mis historias que le cuento día a día; en el orfanato las niñas me ven como rara,

porque hablo en voz alta pero no lo puedo evitar, es mi manera de comunicarme

con Dios.

En estos días la hermana Lucila me pregunto – ¿con quién hablas?

-Con Dios.

-Cómo que con Dios.

-Si, lo conocí, es Dios

-Luna no mientas, cómo sabes que es Dios.

-Hermana Lucila usted ha llorado? y luego sientes serenidad como una paz, verdad,

cuando sientes tu corazón feliz, Dios está ahí, ha calmado su llanto dejándole paz

a su alma y al corazón, todos los días que nos levantamos es un milagro hermana

Lucila.

-Si, Luna, pero lo viste, vistes a Dios, porque si hablas con él, es porque lo ves.

-No es necesario verlo para creer, si te das cuenta lo que vives, todo, es un milagro,

los milagros son la forma de saber de que Dios está aquí, todo se conecta, si estas

atenta sabrás que los milagros es Dios.

Y así fue como conocí a Dios, cuando calma mis llantos, cuando se me acerca una

mariposa entre tantos paisajes de colores y nubes flotando como algodón, cuando

despierto cada mañana, cuando entra el sol por la ventana o esos rayos de luz que

deja la luna en la obscuridad, cuando veo las sonrisas de las niñas del orfanato y

su rostro feliz, cuando siento que cada día está más cerca, de que vengan unos

buenos padres adoptarnos.  Quizás el me conoce desde mucho antes de nacer, yo

desde hace poco, cuando siento sus milagros más cerca de mí.

 

 

 

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