Archivo | noviembre 2016

Memorias de los abuelos, VIII

Domingo felices pasaba junto a los abuelos.

Al mercado íbamos.

Mi sitio favorito, la venta de aves.

Mi abuelo decía: -Escoja una gallina y colocale un nombre, agárrala y no la vayas a descuidar, que ya tendrá muchos pollitos que vamos a criar.

Memoria de los abuelos, parte VII

-Ahi esta el abuelo, acomodando sus herramientas en una caja muy pequeña,

repitiendo la frase que aprendió de su hermano.

-“Todo cabe en un posillo sabiéndolo acomodar”

_y yo le agregaba: “…y si no le cabe, es porque no lo sabe acomodar”

Memoria de los abuelos, parte VI

-Vamos todos, que la mesa puesta esta, la abuela nos espera para hacer las hallacas ya.

-Pero si la abuela no le gusta que la ayuden.

-Es cierto, no le gusta,  pero si espera ver la familia reunida entre risas y alegrías, abrazos y canto; mientras preparamos el ponche crema, para la noche de navidad.

Tóxica?

Cuál gente tóxica?, en donde están?,

En que momento se ponen de moda las frases e imágenes,

luego ves en las redes sociales, todos por igual, publicando lo mismo.

Sin tomar conciencia de lo que publican.

No existe la gente tóxica, o quizás esa persona “tóxica”, tiene algo de usted ,

que ni usted mismo no se soporta y se refleja en esa persona.

Hay que aceptar, que cada persona es un mundo unico con defectos y virtudes.

y que hay palabras despectivas que dañan más, que una fea mirada.

Relato inspirado, por escuchar a una persona en una cafetería gritándole a otra -mejor así, vete que eres tóxica.

Eso me indigno.

Lo malo y lo bueno

Lo malo, que hay países gobernados por mediocres.

Lo bueno, que no todos creen en esos mediocres.

Lo malo, ver personas que se ahogan en su ego.

Lo bueno, que todavía quedan personas nadando en su humildad.

Lo malo, personas que hacen el mal y siguen como si nada.

Lo bueno, la justicia llega en su tiempo perfecto.

Lo malo, el materialismo.

Lo bueno, la espiritualidad.

Evolución.

Pensó que era un pez caracol.   Sin aletas, ni escama,

volvió a nacer cuando las olas del mar

en  una noche de tormenta,

rompió su caparazón, pudo nadar mar adentro.

Ahí comprendió que era un gran pez, un magnifico pez.

 

Sin querer.

Todos murmuraban en el velorio, de qué murio?, que si de un paro cardíaco, de una enfermedad grave, quizás se suicidó, que era muy joven para morir.  Todos esos comentarios me fueron atormentando y le daba forma a mi rabia de las habladurías de la gente.  Con voz fuerte dije – Murió de tristeza, si de tristeza nadie lo sabe porque ninguno de ustedes ni yo ve mas allá de un cuerpo asustado, cansado, entre tanta lucha o de unos ojos tristes.

 La vimos sonreír, ser generosa, amorosa, seguir como si nada… y ustedes se dirán: pero si se veía feliz  junto a su familia,en el trabajo, lo tenia todo.  Pero en el fondo no era feliz .  Su alma no estaba cómoda con ella misma. Aparentó ser feliz para no lastimar a sus seres queridos. Igual nos lastimo porque hoy ya Ana no está con nosotros. Quizás necesito mas de ti amigo, o de ti Juan su esposo o de ti Maria que eras como su hermana.

La vimos tan segura y feliz en cada ciclo de su vida, que fuimos egoístas sin saberlo, en escucharla o ayudarla, cuando ella solo escuchaba los problemas de los demás.  Dime tú Sabrina la prima mas cercana a Ana, te preocupaste por ella?, la llamabas?, o quizás Ana te busco para desahogar alguna pena y tu quizás le diste un sermón, cuando ella buscaba apoyo y comprensión.  Porque cuando nos acostumbramos a ver personas fuertes, las creemos como súper héroe y esas personas no tienen derecho ni a enfermarse.

Les confieso que Ana murió asi, de tristeza, un día llego a mi casa sin avisar, le dije:- amiga pasa y ella me dijo:

-me siento triste.

– triste tú?.

– si, necesito hablarte.

– No Ana que triste vas a estar, dejate de bromas, ven salgamos que viene mi novio vamos a un café y te relajas.

– no amiga, sera en otra oportunidad, mejor me voy sólo bromeaba.

Yo Marian rechace a mi amiga sin querer, lo tome en broma cuando llego a mi casa ese día, pensando que con esa vida maravillosa que llevaba, jamás tendría derecho a sentirse mal.

Fui una de esas personas egoísta sin querer, en no escuchar a Ana.