Cielo de algodón

estas frases se las escribí a mi abuelo cuando murió hace tres años.  Espero les guste.

Tan feliz estoy entre rostros angelicales, estrellas que no paran de brillar, mariposas van y vienen.

No hay tiempo ni oscuridad, solo paisajes de colores que no paran de flotar.
No hay sentimientos de tristezas, ni angustia, ni dolor.
Veo cielos infinitos, personas en una y otra dimensión, escaleras de caracol entre nubes de algodón.
Tantas almas conocidas entre flores, montañas, lagos, suspendidas en un cielo azúl, quizás blanco o rosa y hasta de cristal.
Hay un sin fin de cosas que no paro de admirar
Soy feliz, tan feliz que estoy entre nubes de algodón.

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Imperfectamente para mi.

Ella, la chica imperfecta que quise para mi, la de mirada atrevida, envolvente. 

Ella, la chica timida  que se escondía detrás de su sonrisa alegre y amable.  La que lloraba sin saber por qué y yo menos, sin entender.

Te envolvía con su magia, una magia qué no se por dónde empieza, para poder explicar mejor, yo solo la observaba cuando manteníamos largas conversaciones; cada palabra, cada gesto, era imposible no quedar como tonto mirándola. 

 Ella, la chica sencilla con sus atuendos que no encontrarías en la moda, ni en las revistas, con su rostro de piel original, sin maquillaje, no lo necesitaba, la chica difícil de conocer, pero fácil de observar.  

Ella  imperfectamente perfecta para mi, sabia como apreciar las hojas que caían de los árboles, ver el cielo para darle forma a las nubes.  La que te daba ánimos y frases de aliento, cuando era ella la que lo necesitaba.  

Ella la que amaba lo simple se enamoraba del sol, la luna y las estrellas.  No había espacio, ni tiempo, para que me amara a mi.  Perdononame por no entenderte entre tantas palabras, gestos y lágrimas. 

Quizás fui egoísta en no preguntarte “estás bien?” o “cómo te sientes hoy” pero el tiempo pasaba tan rápido a tú lado y tú cara de ternura y firme, que no me imaginaba que Morías.

Me dolió no despedirme ni que me despidieras, me mentiste al decirme que te iría de vacaciones por unas semanas. 

Espere las semanas que pasaran pero no te veía en el parque, preocupado fui a tú casa, solo me queda el recuerdo de esa mañana que toque a tu puerta para decirte: “Eres la mujer imperfectamente perfecta para mi, porque te amo”.

Pero la sorpresa me la llevé yo, cuando tus padres me dicen entre lágrimas: – Elisa ya no esta con nosotros, descansa en el mundo espiritual, quiso que su muerte fuera discreta, en silencio, para que la recordaran como fue en vida. 

 Te esperábamos a que vinieras, gracias por hacerlo, porque Elisa nos dejo este mensaje para ti.  – Yo también te amo porque eres imperfectamente perfecto para mi.

Carta a la abuela (II parte)

Hola abuela, hoy te pienso, aquí en un rincón del piso que me tocó limpiar, es mi hora de comer, hice lentejas, no tengo ganas de comerlas, hoy no estoy de ánimos; es un día de muchas cosas en mi mente, que lucho por quitarlas, pero no se van.

Abuela, lucho por adaptarme en este país, me cuesta, pensaba cuando tú me repetias una y otra vez, “estudia para que no te quedes de mujer de servicio”, “superate para ti no para los demás”, “eres tú la que creas tú destino”.  

Tantas palabras convertidas en frases, tantos consejos que llevó de ti, pero hoy me digo: estudié, me superé, qué me dirías hoy, cuando tantas personas (como yo) salen de su país, para una calidad de vida a cuesta de lo que sea; cuelgan su título, con un mar de miedos infinitos sin saber con qué se van afrontar.  Que triste no!. 

Abuela podrán salir o huir del país añorando su idiosincrasia, con la ilusión de volver algún día. Pero mientras, yo, no me acostumbro a otras costumbres que no quiero seguir pero no queda de otra que poner otra cara, que tú no eres, sonreír y continuar.

Un amor así.

Se acerca la navidad, ya entiendo a mi madre cuando estas fechas la hacían sentir tan sensible y nostálgica sin la presencia de mi padre.  Yo siento que mi corazón vacío, no aguantará una navidad sin alguien a quién amar, sin alguien a quien comprarle un regalo para navidad, de tomarle la mano debajo de la mesa a la hora de la cena, de chocar las copas, reírnos por tonterías, bailar hasta pisar nuestros talones, mirarnos para no perdernos, besarnos para no olvidarnos. Estoy atento en cada esquina, calle, en el recorrido para ir a mi trabajo o retorno a mi casa, una señal de que seas tú, la dueña de mi corazón, la que no solo estará en mis navidades sino en los 365 días del año.

qué sentido tiene.

Qué sentido tienen tus besos si no me miran, sin tu cabellera que arropaba mis noches largas sin sueños, ni sentidos.

Qué sentido tiene tu almohada vacía, junto a la mía, en este otoño que se aproxima en un invierno sin medida.

Qué sentido tiene la ventana, cuando se asoma la luna, añorando tú silueta desnuda, imperfecta, atrevida, bajo su luz.

Qué sentido tiene mi piel, si  falta tú olor, tus caricias ocurrentes y tus masajes de novata.

Qué sentido tiene nuestra habitación sino estás tú, para un beso, una palabra y tus miradas de ternura.

Qué sentido tiene todo sin ti, mis noches no serán noches, sin gemidos, ni susurros, sin caricias ni desvelos.

Por primera vez.

Yo solo corrí tras sus besos desnudos, sus besos abandonados y heridos.

 Fui detrás de ella, como cuando un perro tiene hambre, sed y hasta frío; fui detrás de ella como la abeja a la miel, como la lluvia al suelo y el girasol al sol.

  Llegue a tu espalda, tome tu hombro te dije: – Aquí estoy, soy lo que buscas, lo  que jamás te hará falta, ni te hará sufrir. tendrás mis mañanas y desvelos. Seré tu compañía para hoy y nuestro futuro, no habrá otra en tu lugar, no habrá nadie que toque éste pequeño y conforme corazón, ni se meta en mis entrañas sacandome las mariposas, que sólo tú  pusiste ahi.  

Solo tú conoces mis gemidos en lo más profundo de mi ser, conoces mi mala costumbre de amar, mi mejor manera de tocar tu piel, mi peor manera de no decir lo que sentía a tiempo y no perderte por primera vez… Por primera vez dame una y última oportunidad.